¿Puedo saber si sufriré un ataque al corazón aunque no tenga síntomas?

Los programas de detección temprana están ideados para identificar si una persona tiene un riesgo elevado de sufrir una patología cardiovascular

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo y también responsables en muchos casos de discapacidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), analizados por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC), en 2020 —el año de la pandemia— murieron en España 119.853 personas por causa cardiovascular, lo que supuso un 24,3% de los fallecimientos totales, seguidos de los tumores cancerígenos y las enfermedades infecciosas y parasitarias.

De las muchas y diferentes formas en que se expresan las enfermedades cardiovasculares, la patología de las arterias coronarias es la más común, provocando infarto de miocardio (lo que normalmente conocemos como ataque al corazón).

Para entender cómo enferman las arterias coronarias, el doctor José Ángel Cabrera, responsable de la Unidad de Cardiología de Olympia Quirónsalud, explica que el origen está “en la formación de placa de ateroma (una acumulación de grasa, colesterol y otras sustancias), que crece a lo largo de las paredes de las arterias del corazón; es una condición llamada aterosclerosis. A medida que la placa se acumula, las arterias del corazón se pueden estrechar, limitando el flujo de sangre, lo que conlleva el riesgo de que se rompan, se genere un coágulo de sangre y, en consecuencia, una posible obstrucción completa del vaso que resulte en un ataque al corazón”.

Son muchos los factores de riesgo para desarrollar esta enfermedad. Algunos son bien conocidos por la población general: tabaquismo, colesterol en sangre elevado, obesidad, presión arterial alta… Puede resultarnos más sorprendente que el sexo juegue un papel y, en concreto, el sexo femenino: contrariamente a lo que se suele creer, según indica la FEC, cada año mueren casi 9.000 mujeres más que hombres debido a patologías cardiovasculares.

¿Es posible un diagnóstico precoz?

Ante estos datos, no es de extrañar que cobren gran importancia los exámenes de detección temprana, es decir, aquellos capaces de hallar estas enfermedades antes de que aparezcan los síntomas. “El objetivo es detectar una enfermedad en su etapa más temprana y tratable”, explica el especialista. “Existen ciertos tipos de pruebas que pueden ayudarnos a encontrar precozmente las enfermedades cardiacas. Para que este tipo de programas puedan ser ampliamente aceptados y recomendados por los médicos, deben cumplir con una serie de criterios, que incluyen que haya demostrado la reducción del número de muertes por la enfermedad”.

Estos test de detección pueden incluir pruebas de laboratorio que evalúan la sangre y otros fluidos, genéticas que buscan marcadores genéticos heredados asociados a la enfermedad, y de diagnóstico por imagen, que ofrecen una visión del estado del corazón y de los vasos sanguíneos.

Durante un examen de detección temprana de enfermedades del corazón, a las personas que no tienen signos o síntomas de enfermedad de las arterias coronarias (la forma más común de enfermedad del corazón) se les puede evaluar para medir:

  • Colesterol y perfil lipídico. Se trata de una prueba que suele realizarse cada tres o cinco años para aquellas personas que presentan un riesgo normal de enfermedad del corazón, “o más a menudo si el paciente presenta un riesgo elevado de desarrollar enfermedades del corazón o ataque cerebral”, apunta el cardiólogo.
  • Presión sanguínea. Al menos una vez cada dos años si la presión arterial es inferior a 120/80 mm Hg.
  • Glucosa en la sangre. Es recomendable, subraya el doctor Cabrera, “que los adultos que tienen exceso de peso o que están obesos comiencen a hacerse los exámenes de detección temprana para la diabetes tipo 2 a los 40 años, y que, si los resultados son normales, repitan las pruebas cada tres años. Los pacientes que presentan un riesgo elevado deben hablar con sus médicos acerca de en qué momento deben comenzar estos exámenes”.
  • Ensayo de proteína C-reactiva de alta sensibilidad (hs-CRP) o lipoproteína (a). Realmente, explica el especialista, “las pruebas de hs-CRP o LP(a) no se recomiendan como un examen de detección temprana para toda la población adulta, sino como una herramienta opcional para evaluar a determinados pacientes. La prueba es más útil cuando se usa en las personas que tienen un riesgo intermedio (de 10 a 20% de posibilidades) de tener un ataque al corazón en los próximos 10 años”. Será el especialista el que se encargará de determinar si el paciente presenta un riesgo intermedio y si debería someterse a este examen.

Estas pruebas se pueden realizar en población general sin necesidad de que haya síntomas. ¿Qué ocurre cuando los resultados arrojan una sospecha de que hay patología? En esos casos, puede ser conveniente la realización de otro tipo de exámenes: «Si las pruebas preliminares identifican signos de enfermedad cardiaca, o se presentan factores de riesgo específicos para la enfermedad de las arterias coronarias —tales como valores anormales de colesterol, presión arterial alta, diabetes, tabaquismo o miembros de la familia que hayan desarrollado la enfermedad a una edad relativamente joven—, también podría recomendar que el paciente se someta a una o más de las siguientes pruebas de diagnóstico: electrocardiograma (ECG o EKG), prueba de esfuerzo cardiaco con ejercicio, ecocardiograma o ecocardiografía de estrés, TAC cardiaco para la cuantificación de calcio, angiografía coronaria por TC (ATC), imágenes de perfusión miocárdica, también llamada prueba de esfuerzo nuclear o angiografía coronaria por catéter», concluye.

Artículo originalmente publicado en El Confidencial.

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