Alimentación saludable

Seguir una alimentación nutritiva y bien equilibrada es una de las maneras más sencillas y eficaces de reducir el riesgo de sufrir enfermedades del corazón, cáncer y otras alteraciones de la salud. La buena nutrición consiste en comer una variedad de alimentos, limitar el consumo de ciertos alimentos y bebidas y controlar la cantidad de alimentos y calorías que se ingieren. Una alimentación equilibrada ayuda a reducir el riesgo cardiovascular porque reduce tanto el colesterol y la presión arterial como el peso. Según la Asociación Americana del Corazón (AHA), no hay una sola dieta ideal.  Al contrario, la AHA tiene una lista de recomendaciones generales, que tiene en cuenta que se necesita comer una variedad de alimentos.

Hidratos de carbono:

Son la principal fuente de calorías en una alimentación equilibrada. El organismo convierte los hidratos de carbono en glucosa. Se dividen según su formación en simples (azúcares) y complejos (féculas y fibra).

Proteínas:

Las proteínas suministran al organismo los materiales necesarios para el crecimiento, el mantenimiento y la reparación de tejidos y músculos, la elaboración de hormonas, etc. Hay dos tipos principales de proteínas: proteína animal (carne roja, cerdo, pescado, pollo, huevos y productos lácteos) y proteína vegetal (brócoli, lentejas, patatas, pastas, harina de avena, arroz, nueces, garbanzos o soja). Aunque los productos de origen animal son una buena fuente de proteína, el consumo excesivo de estos productos puede elevar los niveles de colesterol debido a su alto contenido en colesterol y grasa saturada.

Grasas:

La grasa alimenticia es una parte importante de la nutrición diaria pero sólo necesitamos una pequeña cantidad para mantener el equilibrio químico del organismo. La grasa alimenticia puede ser de dos tipos básicos: saturada e insaturada. La grasa saturada es aquella que eleva los niveles de colesterol y aumenta el riesgo cardiovascular, en cambio, la grasa insaturada es una grasa sana.

Vitaminas:

Las vitaminas son sustancias que realizan funciones específicas para el crecimiento y la reproducción celular. Las vitaminas regulan el metabolismo que controla la cantidad de energía disponible para realizar actividades tales como caminar, dormir o pensar.

Las denominadas vitaminas antioxidantes como la A, C y E podrían ayudar a prevenir las enfermedades coronarias. Estas vitaminas parecen inhibir la formación de placa en las paredes de las arterias que se forma porque el oxígeno y el colesterol LDL (o colesterol «malo») se combinan en un proceso denominado oxidación.

En general, es difícil sufrir carestía de vitaminas con una dieta variada, sólo personas estrictamente vegetarianas o personas con una alimentación deficiente tienen problemas por hipovitaminosis.

Minerales y oligoelementos:

Los minerales son elementos químicos que el organismo utiliza para muchos procesos biológicos. Al igual que las vitaminas, los minerales están presentes en los alimentos que comemos. Los oligoelementos también son elementos químicos, pero el organismo sólo necesita pequeñas cantidades de estas sustancias.

La sal es una excepción, ya que aunque el organismo necesita minerales para funcionar bien, la sal puede elevar la presión arterial en las personas que presentan una mayor sensibilidad a sus efectos. Se aconseja limitar el consumo de sodio a 2.400 mg por día, el contenido aproximado de una cucharadita de sal. Hable con su médico o dietista para averiguar el consumo máximo de sodio apropiado para usted.

Consumo de alcohol: beneficios y riesgos.

Los estudios demuestran que el riesgo cardiovascular es menor en las personas que beben cantidades moderadas de alcohol que en las personas que no beben. Según los expertos, el consumo moderado se sitúa entre los 10 y 30 ml al día.

Excederse en el consumo de alcohol puede ocasionar problemas relacionados con el corazón, tales como hipertensión, accidentes cerebrovasculares, arritmias y miocardiopatía.

Además, hay que tener en cuenta que una bebida típica tiene entre 100 y 200 calorías. Las calorías del alcohol a menudo aumentan la grasa corporal, lo cual puede a su vez aumentar el riesgo cardiovascular. No se recomienda que las personas que no beben comiencen a hacerlo ni que los que ya beben aumenten su consumo de alcohol.

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