El infarto, no solo cosa de hombres – yodona

El infarto, no solo cosa de hombres – yodona

Tradicionalmente, convivimos con el mito de que las enfermedades cardiovasculares son cosa de hombres. Pero, entre ellos y las mujeres existen muchas más similitudes que diferencias a la hora de enfrentarse a este padecimiento. Aun así, es cierto que existen variaciones entre ambos géneros en aspectos como la edad de a la que suelen presentarse estos problemas de salud, que en mujeres suele ser más tardía y, con frecuencia, aparecen tras la menopausia. También difiere a la hora de detectar el problema y de interpretar los síntomas, durante el pronóstico y en la recuperación.
 
Dra. Esther MerinoAunque no resulta sencillo establecer cuál es el perfil predominante entre las personas que sufren un infarto de miocardio, la doctora Esther Merino Lanza, Especialista en Cardiología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, asegura que “ciertos factores de riesgo suelen estar presentes en los pacientes: fumar o padecer diabetes, hipertensión o colesterol alto, por ejemplo. La obesidad abdominal, la falta de ejercicio como rutina habitual y el estrés también pueden desembocar en infarto y hay casos en los que se presenta una predisposición familiar”.

En el caso de las mujeres, afirma la doctora, “hay que añadir factores de riesgo propios del género, como el ovario poliquístico, la toma de ciertos anticonceptivos y enfermedades relacionadas con el embarazo, como la hipertensión y la diabetes gestacional”. En ellas, las enfermedades cardiovasculares más habituales son el ictus, la insuficiencia cardiaca y el infarto.
 

Cómo identificar los síntomas del infarto de miocardio

Tanto en mujeres como en hombres, su forma de presentación más frecuente es un dolor o sensación de opresión en el tórax a la altura del corazón que, a veces, se desplaza hacia la mandíbula, la espalda o los brazos, especialmente, el izquierdo. “En las mujeres, además, parecen darse con más frecuencia las llamadas presentaciones atípicas del infarto: opresión solo en espalda o brazos, dificultad para respirar, sensación de corazón acelerado, mareo, sudoración fría, intenso cansancio…”, comenta la doctora Merino.

En lo que al pronóstico se refiere, suele ser peor en mujeres que en hombres. “Con frecuencia, el diagnóstico se retasa en ellas debido a un demora en la consulta de los síntomas. En un infarto es fundamental el tiempo, ya que cuanto antes se administre el tratamiento, menores serán las secuelas”, añade.

Y, finalmente, si observamos las diferencias que aparecen durante la recuperación en ambos casos, las estadísticas dicen que los problemas cardiovasculares pueden tener una evolución más complicada en el caso de las mujeres. Esto se debe a diferentes factores, como que la enfermedad se presenta a una edad más avanzada en la mujer, o a características anatómicas, como que las arterias femeninas suelen ser más pequeñas. “A pesar de todo ello, también sabemos que las mujeres, una vez han sido bien informadas en materia de autocuidado, se adhieren al tratamiento en un porcentaje incluso superior a los hombres; por ejemplo, a la hora de practicar ejercicio”, informa Merino.
 

 

La importancia de la prevención

Como ocurre con la mayoría de problemas médicos, la prevención juega un papel fundamental a la hora de anticiparse a las enfermedades cardiacas. “Si bien es cierto que hay aspectos que no podemos modificar, como pueden ser los antecedentes familiares o la edad, la mayoría de los factores de riesgo que causan estas enfermedades son modificables: fumar, una dieta inadecuada y el sedentarismo son ejemplos claros de ello”, asegura la doctora Merino. Modificando estos hábitos podemos prevenir muchos problemas de salud, como el sobrepeso, la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 o niveles de colesterol elevados, que pueden desembocar en enfermedades cardiovasculares graves.

Por su parte, en aquellos casos en los que la enfermedad ya se ha detectado, “los programas de rehabilitación cardiaca son clave para detectar y corregir los factores que han llevado al paciente a enfermar y, así, mejorar el pronóstico”, afirma la doctora. Y añade que no podemos olvidar el aspecto psicológico: “En ocasiones, es necesario aprender a manejar el estrés y, por supuesto, buscar ayuda médica si aparecen síntomas de depresión”.
 
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